1. Varón que logró derrotar a la heroína                                                                                                    Inicio


Varón que logró derrotar a la heroína

Mi experiencia fue la siguiente, yo probé la heroína cuando tenía 18 años, tres años después comencé a inyectármela y así dure por varios años, durante ese tiempo recuerdo que consumí de todo cuanto me ofrecían; en varias ocasiones llegue a tener sobredosis, por las que casi muero tres veces. Cada vez mi desesperación por consumir era más grande que ya me daba lo mismo que era lo que me inyectaba, lo que buscaba era sentir esa sensación de una aguja que me atravesara.

El consumo me ha hecho estar dos veces en la cárcel, viví un tiempo en la calle, hasta que caí en cuenta que el del problema era yo, deseaba ser quien era antes de consumirla, sabía que solo no iba a poder, no sé cómo pero llegue a CIJ, andaba aún con algunos efectos por lo que me había metido, antes no hubiera aceptado la ayuda de nadie, realmente me sentía tan mal que busque ayuda, gracias a ello hoy he dejado el consumo en su totalidad.

Aún recuerdo, que el día que me dieron fecha para internarme una parte de mí lo tomo a burla en tanto que la otra decidió empezar a tomar control, sabía que necesitaba del apoyo para lograrlo, me dio gusto llegar y darme cuenta que podía decidir ya no seguir metiéndome nada, claro que no fue fácil, en algunas ocasiones deseaba salir de ahí y seguir mi vida consumiendo, pero con el apoyo del personal de CIJ fui aguantando, dando lo mejor de mí y renovando esfuerzos.

Recuerdo las sesiones de terapia, sentía que tenía muchas cosas que decir y no sabía por dónde, poco a poco fui recordando quién era y lo que me gustaba realizar, por ejemplo disfrutaba mucho de hacer deporte, creo que ello me ayudo a continuar para recuperarme, volví a sentir el deseo de aprender nuevas cosas, asistía a los talleres que me indicaban, algunos me gustaban más que otros y cada vez me convencía más de que podía recuperar el control de mi vida, retome los estudios con la firme convicción de querer obtener un trabajo, que mi vida fuera totalmente diferente, me reconcilie con mi familia.

Por eso, yo les digo que no estamos solos, aunque todo parezca indicar que sí, yo conté con el apoyo de CIJ para recuperar muchas cosas, al igual que con el apoyo de mi familia, después de mucho trabajo sé que he logrado vencer esa batalla pero no por ello me confió debo continuar, lo cierto es que la palabra droga puede cruzar mi mente pero ya no me genera lo que antes me provocaba.


Mujer que logró alejarse de la cocaína y de un hombre que la violentaba

Trataré de resumir mi historia... hace tiempo conocí a un hombre con el que desee pasar el resto de mi vida y formar una familia, al poco de haber iniciar la relación me enteré que había sido consumidor de varias drogas por varios años, lo cual no me importo al principio; sin embargo, ya estando juntos, él volvió a consumir después de casi tres años de haberlas dejado... creí en él cada que me prometía que lo iba a dejar, sin embargo no lo cumplía y yo decidí alejarme ya que su consumo y actitud negativa fueron generando problemas entre nosotros, yo me sentía traicionada, triste y sola.

Mi molestia era muy grande, porque de hecho yo llegue a consumir la cocaína por insistencia de él, de hecho, yo trataba de ayudarlo, pensé que era mi misión en la vida alejarlo de las drogas y de je muchas cosas de mi vida por apoyarlo, pero no lo conseguía. Mi tristeza era tan grande pues sentía que había fracasado, hasta que entendí que yo no era su terapeuta ni era mi misión en la vida rehabilitarlo, una compañera que también acudía a CIJ a unos grupos de consejería me dijo “Amiga, él es una ancla en tu vida, tienes que soltarla si no te vas a hundir junto con él”. Me fue muy difícil, pero decidí dejarlo para no volver a engancharme con el consumo… Al sentirme tan sola también recaí dos veces, la decepción que sentí por ver rotos mis sueños me hizo pensar que ya no había cosas buenas para mí, que no importara lo que hiciera, nunca iba evitar regresar al punto de partida. Me puse muy irritable con las demás personas que querían ayudarme, tuvo que pasar algunas semanas para entender que ahora tenía que luchar por mí. Actualmente vengo a las terapias de CIJ, aquí me explicaron que la adicción es una enfermedad y como tal, requiere de un tratamiento; eso me hizo sentir aliviada, darme cuenta de que no estaba  loca, las personas que vienen aquí me han apoyado mucho, todos nos apoyamos y también mi psicóloga, me hicieron recuperar las esperanzas pero sobre todo pude recuperar mi vida otra vez.


Varón que renuncio a las persuasiones de la marihuana

Yo tengo 30 años, soy arquitecto y muy deportista, me considero muy creativo, desde hace varios años fumaba marihuana, un tiempo la llegue a consumir casi diario. Al inicio creía que la mota no era adictiva, que no he hacía daño consumirla, que era solo para relajarme. Grave error haberme creído esa basura. Y es que cuando no consumía me siento indeciso, no lograba concentrarme en el trabajo, todo lo justificaba diciendo que estaba pasando por un mal momento profesional, pero no era así. Comprendí que la marihuana hacía más gandres mis problemas y más metía en el hoyo.

En ese tiempo, cambie en muchos aspectos, me aislaba, sentía resentimiento con todo el mundo, era como encerrarme conmigo mismo, no tenía ganas de nada; sin embargo, en algún momento ya no pude más y decidí acercarme con mi hermana, con quien siempre me he llevado bien, por un instante pensé que me iba a mandar a volar, pero no, ella me escucho y me dijo, Mira, no nos hagamos tontos, tú necesitas urgentemente un tratamiento profesional; no sé aún porque sentí tanto miedo ese día que casi me pongo a llorar con ella. Ella me hizo el favor de pedir informes y de sacarme una cita aquí en CIJ.

Vine porque ya no quería continuar fumando esa cosa, me hacia tomar decisiones equivocadas. Ahora, a la distancia, sé que perdí muchas oportunidades profesionales.

Actualmente llevo tres meses viniendo a CIJ, en ocasiones pienso que ya la libre… sin embargo pasa algo que me hace recordar que aun tengo mucho por hacer, no dejo de situarme en el camino del cambio, como me dice Federico, mi psicólogo, sé que requiero de tiempo y esfuerzo para lograrlo. Me explico que el tratamiento es como levantar un edificio, lo primero es diseñar un plano, un plan, para saber que debemos empezar por hacer para construir un cambio en mi vida. Lo estoy logrando, estoy construyendo nuevas posibilidades de tener una mejor calidad de vida.


Mamá e hijo que lograron echar de su casa a unas drogas traicioneras

Mi hijo en algún tiempo consumió drogas, hoy es una persona totalmente diferente, después de tantas cosas por las que pasamos juntos, él ha logrado formar su propia familia. El apoyo que ambos encontramos en CIJ nos permitió ver la vida de forma diferente.

Recuerdo, que en algunas ocasiones deseaba no existir, me culpaba por no haberle dado un padre a mi hijo, ¡hágame favor señorita!, ¿Cómo llegué a creer eso? Me di cuenta que yo no tenía la culpa de que el tarado de su padre no hubiera abandonado; para mí fue como volver a empezar, me concentré en ver que necesitaba yo, que no es mi obligación tener que poder con todo y que no todo es mi responsabilidad. Antes nunca pensaba en mi y ello me llevo a vivir por y para él dejando de lado mi vida, cuando me di cuenta de eso fue entonces cuando realmente pude empezar a ayudarlo, como me dijo el psicólogo de CIJ “una manera de ayudar es no ayudando”.

Le voy a decir algo, al principio yo dudaba mucho que él iba a poder salir solo, yo pensaba, va a venir a pedirme ayuda pero también me daba miedo dejarlo que se hiciera cargo el sólo de su problema, pero aprendí que esos eran mis miedos, que no podía ocultarlos y de alguna forma eso lo desmotivaba, me impedía reconocer el esfuerzo que él estaba haciendo, por eso, cuando se dio una recaída, yo me enoje mucho, sentía tantas emociones revueltas, pero en el grupo de papás y mamás al que yo, me dijeron, tranquila doña Tere, es hasta cierto punto normal, si usted corre a levantarlo cada vez que él se caiga, nunca va a aprender a hacerlo sólo. Me llevó más tiempo darme cuenta que me en el fondo de mí me daba miedo que él un día se fuera de la casa y yo me quedara sola. Pero en el grupo una señora me dijo, acuérdese, a los hijos Dios nomás nos los presta por un tiempo, así que mejor hay que concentrarnos en darles alas para cuando se vayan no se caigan a la primera. Eso hice, y entendí que ya era un hombre, así que deje de hacerle muchas cosas que antes le hacía, pues más antes yo le hacía todo, y le dije, ya estás grande, ya has tus cosas tú sólo. Y eso me dejo mucho tiempo para hacer muchas otras cosas que yo quería hacer y que nunca las hacía porque pues, a qué horas decía yo. Pues ahora ya las estoy haciendo y me siento… como decirle, pues no sé, más activa, más joven, con más energías para darle pa’delante.


Hombre/Alcohol-Esposa/Pastillas

A veces le quitamos importancia a las cosas para darnos permiso de repetirlas. Toda mi vida vi a mi papá llegar embrutecido por el alcohol, gritarle a mi madre y pensé que era normal siendo hombre y así lo aprendí. De manera que cuando me casé repetí dicha historia con mi esposa, para mí era normal que ella llorará y yo prometerle que no volvería a tomar, aunque a los 15 días o al mes lo hiciera nuevamente.

Yo consumía alcohol para sentirme bien, según yo para “despertar”, con las discusiones ella empezó a consumir pastillas para poder dormir y olvidar todo lo que ocurría durante el día; sin embargo hubo una ocasión en la que ella dormía profundamente y yo bebido, no escuchamos a nuestra bebé que lloraba, eso nos llevo a pedir ayuda, así que buscando encontré el teléfono de CIJ Contigo y llamé, estaba decidido a iniciar un tratamiento, a dejar el alcohol y que las cosas con mi esposa fueran diferentes de cómo estaban siendo.

Me brindaron información, sin embargo aun lo dude por unos días, temía que aun con ayuda no lograra salir adelante y al mismo tiempo, reconocía que mientras no lo intentará no lo iba a saber, así que le pedí a mi esposa que asistiéramos juntos, y ahora los dos estamos en tratamiento.


Chavo/Solventes-Piedra

Tengo 35 años y considero que mi historia es diferente a la de mis cuates, porque sentía que no le importaba a nadie, mi madre nos abandono a mí y a mi hermano cuando éramos niños, el de 12 y yo 10 años, y aunque mi padre se volvió a casar, nosotros ya no éramos parte de su familia, vivíamos en el mismo terreno pero independiente a él, de manera que no se percataba de cómo llegábamos.

Desde muy chico me inicie con los inhalantes, después me dio por consumir la piedra, pues ello me evitaba sentir hambre, miedo o frío, me toco ver como algunas madres llegaban ahí a donde consumíamos y preguntaban por sus hijos, para llevárselos con ellas aunque fuera a empujones, y pensaba que en algún momento alguien llegaría preguntando por mi… pero quién podría preguntar por mi… pos´ nadie!

Hasta que uno de los cuates con quien solía consumir, me platico que estaba yendo a tratamiento y que yo también debería ir, al inicio yo no le quería escuchar, en esa ocasión recuerdo que a mí y otros dos más nos llevaron a un anexo.

Yo no quería cambiar, pues enfrentar la realidad de mi vida no me era nada fácil, pero tanto me insistió que decidí asistir, fui un par de días, pero era tanta mi desesperación por no tener la droga, que sentía estar en el mismo infierno y volvía a consumir, después de un tiempo regrese al tratamiento, recuerdo que mi terapeuta me citaba a una hora y siempre estaba ahí esperando a que llegará, eso me hacía sentir diferente.

Así que inicie por querer solo dejar la piedra, pues creía que los solventes no me generaban broncas, hasta que caí en cuenta que para lograr un cambio debía ser sin mentiras, haciendo cambios por ejemplo dejar de ver a mis cuates con los que consumía, cosa que no quería hacer, ello me llevo a estar batallando por un buen rato, hasta que decidí comprometerme al 100%.

Después de un tiempo de estar en tratamiento, pensé que había recuperado el control y que podría consumir de manera responsable, pero me di cuenta que eso era imposible, por lo que debía cambiar y seguir trabajando para no volver a consumir, hoy ya tengo cerca de tres años sin consumir.

Sé que al inicio fue bien pesado, a veces lo lograba y no sabía qué hacer con tanto tiempo, sentía que tenía demasiado tiempo, era una desesperación muy grande, buscaba implementar opciones de trabajo, al inicio me causaba risa.

Poco a poco aprendí en CIJ que debía tener en claro que quería hacer con mi vida a partir de ese momento, y trabajar muy duro para lograrlo, ahora me siento muy bien con lo que hago y lo que he logrado.


Mujer/Cocaína-Prostitución

Tengo 41 años no me gusta como vivo, pues me duermo donde caiga y metiéndome con gente que me da asco, pero eso nunca me había importado porque tenía la felicidad comprada con mi “juguete”. No me interesaba lo que dijeran los demás de mí, pues siempre he hecho lo que me da la gana. El único momento en que se me caía la fiesta era cuando pensaba en mis hijos. Mi familia se los llevo, sentí que me los robaron y en otras ocasiones que yo los perdí, realmente ya no lo sé.

A veces siento culpa y buscaba tranquilizarme pensando que ya habría tiempo para cambiar y recuperarlos. Hasta hace un año que descubrí que tenía SIDA. Y me di cuenta que tal vez no tengo mucho tiempo para recuperarlos. Así que fui con mi familia y les rogué, suplique, pero hasta miedo yo creo les di, me encuentro en los puros huesos soy una adicta que apesta, esa fue la respuesta que me dieron.

Todos me quitaron su apoyo, así que recurrí a CIJ quién me abrió sus puertas, no sé si la tome porque fue el único rayo de luz que en ese momento sentí que tenía, o porque en verdad sabía que ese era el camino, pero al menos me dio resultado.

A veces solo pienso en asistir a mi tratamiento en CIJ, pensando que no solo me podré recuperar a mí misma, sino que quizá logre recuperar a mis hijos.


Varón que pasó de barman a buenman

Yo lo tenía todo, mis papás, una esposa divertida y enamorada de mí, mis chavitos sanos y me iba muy bien con un bar que pusimos entre todos mis primos, yo era el que me aventaba todo la chamba de noche. Empecé a consumir alcohol cada vez más porque me ayudaba a tener la actitud para soportar mejor a los borrachos, me ambientaba, me ayudaba a desenvolverme mejor, no le di mucha importancia a que cada día necesitaba beber más.

Llegué al punto de pensar que si no tomaba, sería incapaz de hacer las cosas más sencillas. Se me empezó a complicar todo, yo era ya el que armaba los pleitos en nuestro propio bar, cuando mis primos empezaron a notar que me quedaba bebiendo allí y me terminaba botellas enteras, me lo prohibieron. Decidí salirme a buscar esos bares que abren hasta la mañana siguiente. Y para según yo controlarlo empecé a meterme coca para que me parara la borrachera.

Fue poco el tiempo que mi esposa se tragó el cuento de que ya no llegaba borracho, entonces sí se volvió mi casa un verdadero campo de guerra. Hacia afuera me enteraba de la triste impresión que tenían de mí los demás. Y yo creía que nadie lo notaba y lo mantenía todo a discreción.

Hasta que mis primos me pusieron las cosas claras “si no cambias, te vas”, esos días sin donde conseguir la droga fueron un gran tormento para mí, pues estando en el bar sabia que la tenía a manos llenas, nunca tuve que esperar para obtener cada vez más.

Para no hacerte l cuento largo, llegué al reclusorio, logré salir pero tenía que regresar a firmar a cada rato y me exigían llevarles la constancia de que estaba en tratamiento en CIJ. Maldije mi suerte cien mil veces, pero no teniendo otra opción inicie un tratamiento. Al principio mi meta era irme a burlar de la persona que tuviera frente a mí, me sentía bien contándoles toda clase de cosas que yo llegue a ver nada más para ver la cara de desconcierto que ponía el psicólogo, hasta pensé que ellos me necesitaban más a mí que yo a ellos. Pero no duro mucho, también se dio cuenta que no estaba comprometido con el tratamiento.

Regresé por el único pedazo de orgullo que me quedaba, no me iban a sacar de su vida como todo el mundo. En los grupos me di cuenta de que yo iba a CIJ con el pensamiento automático (así le llamaba el psicólogo) de demostrarles que no iban a poder conmigo, por más que me obligaran y como allí nadie me obligaba a nada, ya no tuvo sentido y entonces comprendí que no era ese el camino. Me dio pena mi lema “No les voy a dar el gusto de que me ayudaron a salir”, me di cuenta de lo absurdo de mis acciones y me puse a chambearle en mi recuperación, y entendí que nadie salía más beneficiado que yo mismo. También me di cuenta que mi objetivo era hacer sufrir a todos mis familiares que me habían dejado tirado y hacerlos sentir responsables de que me hundieron con su indiferencia y creía que con cada caída mía, les demostraba lo basura que eran ellos, dañándome a mí.

Así que pues hay la voy llevando cada día, a veces con más broncas y en otras con menos, estoy en un camino de muchas vueltas… así me siento. A veces quiero que vuelen los días para la otra sesión y en otras no quiero asistir, luego me siento del carajo, pero lo poco que he logrado me hace sentir muy bien, debo continuar pues hay muchas cosas que aun quiero lograr. Por lo pronto, ya deje de consumir y eso ya es mucho para mí.


Joven que por las drogas creyó ser el dueño del mundo, hasta que llegaron a cobrarle la renta.

Cuando me metí un ácido me sentí el dueño del mundo, de eso hace ya dos años, tenía 13 años cuando me sentí el experto de todos los tiempos. Mis amigos y yo los empezamos a tomar de allí en adelante en cada oportunidad que teníamos, en las fiestas que hubiera, nos hablaron de las tachas y también le entramos y nos encantaron. No podíamos esperar para volvernos a sentir felices, cuando en mi casa todo el tiempo me decían tú no puedes, tú no sabes.

De malas que un día se nos ocurrió meternos tantitito en la prepa, y pensamos que con tan poquito no se nos notaría, pero no podíamos ni volver al salón, pero lo hicimos. Y pos´ nos cacharon, yo le juré a mi mamá que era la primera vez, después pensé que era mejor decirle que era la tercera, pero que no lo volvería a hacer. Ella fue a pedir a la escuela que corrieran a mis amigos, que eran una mala influencia para mí, porque otro amigo si dijo la verdad, que ya llevaba un buen de veces.

Mi mamá me creyó, pero me dijo que teníamos que ir a unas pláticas, yo no sabía ni que era eso, platicas de qué, pero me han gustado mucho. Termino escuchando lo que a otros les ha pasado, yo sabía todo eso, pero la verdad, no creí que me pudiera pasar a mí, ahora estoy entendiendo muchas cosas que ni tienen que ver con el gusto que me daba con los viajes.

Antes me molestaba todo lo que hacían mis papás y no se diga mis hermanas, me ponía loco por todo, pero mi psicólogo me dijo, te pasa lo que le pasa a muchos jóvenes, sabes lo que quieres pero no sabes cómo conseguirlo y por eso te desesperas y terminas frustrándote y tirando la toalla demasiado pronto. Estoy aprendiendo a ser paciente para lograr lo que quiero, me di cuenta de que era demasiado orgulloso como para pedir ayuda, y eso he empezado a hacer.

Mi papás también han puesto mucho de su parte, ellos y mis hermanas venimos a las terapias de familia, antes de eso me regañaban y culpaban de todo, ahora no sé decir bien en qué es diferente, pero estamos llevándonos mejor, al menos ya me dan ganas de salir de mi cuarto y comer con ellos y no clavarme en la compu para no tenerles que verlos.

Antes me daba mucho miedo que me salieran las cosas mal y por eso me ponía súper nervioso, ahora confío más en las decisiones que tomo y en cómo lo hago. Me gusta que las cosas parezcan menos complicadas de lo que antes me resultaban. Aunque muchas veces me da flojera ir, porque tengo que tomar dos peseros cuando salgo de la escuela, pero lo hago ya que también veo el esfuerzo que están haciendo mis papás.

¿Cómo dices? Ah sin duda, claro que lo estoy logrando. Ya entendía que mi mundo no es el mundo.



Un día durante mi internamiento.

Pues mira, creo que nunca se me va a olvidar el día que llegue a CIJ porque me iban a internar; nunca he sentido tanto miedo y tanta incertidumbre en mi vida como ese día, la piel se me puso de papel de china. Firmé mi ingreso y me despedí de mi hermana. Ya les había dicho que yo podía solo, que me dejaran en paz, que les iba a demostrar que yo podía, que me dieran un mes, pero lo que más pude aguantar fue cuatro días seguidos. Acepté el internamiento por vergüenza.

Desde la entrada me pregunte, qué estarán haciendo mis compas ahorita, pero me propuse dejar todo de lado y dedicarme solo a mí mismo. Cuando te haces la pregunta ¿y qué hay de ti?, las cosas empiezan a cambiar.

En el tiempo que tenía que hablar con el psicólogo, me ponía a recordar cosas, y así empecé a desenredar muchas situaciones que me pasaron de noche, me di cuenta que una cosa fue llevando a otra, sin que yo me diera cuenta hasta que todo se fue enredando en mi vida. Yo creo que por esos siempre andaba de mal genio.

Ahora puedo decir que me sentía más ligero, justo como la frase dice, dejar lo que iba cargando por años, de rencor, remordimiento, odios mal entendidos y culpas.

Desde las primeras sesiones de terapia me quedó muy claro que había llegado la lugar correcto y eso me dio mucha confianza, me sentí entre gente que sabía cómo tratarme y con deseos de ayudarme. Aquí estoy aprendiendo a controlar mejor mis arranques, saber respetar a los demás y tener disciplina; me queda claro que eso solo era el inicio y que los cambios no se obtendrían de la noche a la mañana, sino que requiere de tiempo, pues cuando termine el tiempo de mi internamiento me dijeron que siguen las consultas solo con citas una o dos veces a la semana. Lo que sea por ser una nueva persona mejorar mi vida.

Mi familia viene también, al principio solo venía mi hermana, pero la última cita vinieron también mis papás y hasta trajeron a mis sobrinos y me dieron un dibujo donde aparecía yo jugando futbol con ellos. Me dio muchos ánimos.

El tiempo que llevo aquí no ha sido fácil, he tenido que aprender nuevamente a seguir normas, cumplir horarios, respetar a mis compañeros y terapeutas… es más, aprender a respetarme a mi mismo nuevamente, como dicen aquí, lo más difícil fue haber empezado, pero ya estando en el camino, un cambio te va llevando a otro hasta llegar a donde uno quiera llegar.